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Compañer@s de camas...separadas

viernes, 2 de mayo de 2014

Relato corto: "INTROSPECTER"



-    Respondiendo a tu pregunta: sí, vivo obsesionado, y mis personajes lo saben. Son víctimas directas de mis, más que probables, carencias emocionales. Pregunten sino a cualquiera de ellos…
… vaya, parece que en este momento tienen "miedo" de hablar. No sé porqué, ¿acaso; dentro de mis mal sanas obsesiones; no intento, mayoritariamente, darles un atisbo de esperanza? Esperen un momento, por favor…

      En algún lugar de la región creativa del lóbulo temporal perteneciente al hemisferio derecho de mi cerebro:
-    ¿Qué coño os pasa? Están realizando un reportaje sobre mis historias, tenéis que aparecer.
-       No –Mig~ul  se erige portavoz de los personajes.
-    ¿¡Que puñetas!? –respondo incrédulo–. ¡Vale, vale!. Vamos a calmarnos. Cogemos aire profundamente y lo soltamos despacio –mis personajes obedecen mientras continuo dando las pautas–. Inspirar, espirar, inspirar, espirar, inspirar, expirar, inspirar, e… un momento ¿quién ha dicho eso?
-      Tu –dice Vika, hiperventilada.

         Vika, que ha hecho frente a múltiples indeseables cuando ejercía la prostitución bajo la constante amenaza de las mafias, está nerviosa.

-    Has sido tú  –reafirma Mig~ul–.  ¿Ya no recuerdas que algunos de tus personajes somos tu fiel reflejo?... No sabes distinguir tus pensamientos de los nuestros. Careces de voz propia, y nosotros, por ende, también.

        Anonadado, me miro en un espejo que, de la nada, se aparece ante mí. Es un espejo formado por piezas de puzzle, y cada pieza tiene una curvatura, deformando, así, mi yo… No me gusta lo que veo. Cierro los ojos, y allá afuera, en el mundo real, Pedro el entrevistador, pregunta si me encuentro bien. Con un sutil gesto, mi yo corpóreo le indica que aguarde.

        Dentro de mi mente, sigo con los ojos cerrados; cuando, de manera impulsiva, decido golpear el espejo con mi puño derecho; puño, que inesperadamente, está forrado de indestructible Adama… osease, de un metal indestructible cuyo copyright me impide escribir su nombre… En cualquier caso, lanzo mi mejor golpe, pero no alcanzo mí objetivo; no sé cómo, el espejo ya no está; en su lugar, aparece Marta. La colisión es descomunal… Marta muere al instante, con parte de su rostro desfigurado. Sin embargo, sus ojos permanecen totalmente abiertos y cristalinos: acusadores... 

         Me horrorizo ante tal espectáculo. He asesinado a una de mis propias creaciones, a mi propia hija. Sin pensarlo me abalanzo sobre su cuerpo inerte.  Intento abrazarla, pero se vuelve intangible. No se desvanece, simplemente, puede atravesarse. Sus ojos, de repente, se cierran. Comienzo a tener nauseas...

      ¡MIS MANOS! Con tanto sin sentido, no había recabado en mis manos. Ya no son humanas. Tienen una forma que me resulta imposible describir, de modo que imaginen un aspecto adecuado para la situación… De rodillas, junto a un cuerpo que mis inhumanas manos son capaces de atravesar, agonizo.

          Una sombra se cierne sobre mí. Por fortuna no son mis creaciones, sino Pedro, que harto de esperar, se aproxima a mi yo corpóreo, chasqueando los dedos. Al tercer chasquido, Pedro es testigo de mi crimen. No se cómo, pero se encuentra en la región creativa de mi cerebro: <<¿Dónde hay un botón del pánico cuando más se necesita?>>. Me cuestiono de forma subconsciente.

-       Probablemente, sea un sueño –dicen Félix y Alba al unísono.
-       ¿Un sueño? –pregunto, esperando que así sea.

         Pasado unos segundos, reflexiono: si realmente fuera un sueño, ¿acaso no deberíamos estar en el sistema límbico del cerebro y no en la región creativa?... Es más, ¿por qué soy consciente de en qué parte de mi mente nos encontramos?... ¡Oh Dios! mejor me voy a dormir… o ¿sería a despertar?

-     ¡Espera! –vocifera Pedro; que, lejos de toda lógica pero en efecto, se encuentra en mi mente; y unido de la mano de mis personajes, forma una  cadena a mí alrededor–. ¿Creías que podías librarte de tu crimen como si nada?

-      Ha sido un accidente –afirmo, intentando achicar la culpabilidad que me carcome.

-    No me refiero a Marta –aclara Pedro, mientras señala a todos los personajes, y añadiendo entre dientes– Un accidente...  

-       ¿Cómo? –pregunto.

-        De modo que somos un accidente –concluye Pedro.

-    ¡No, no! Me refiero a la muerte de Marta… ¡n… no puede ser! –mi mente tarda en procesar tanta caótica información–. Has dicho: <<somos un accidente>>. Te… te has incluido. Pero si yo no te he creado, eres una persona real. Estás ahí fuera... 

-       Explícame, entonces, que hago en la región creativa de tu mente.

-      Intentas confundirme. Seguro que esto es un sueño, como dicen Félix y Alba –Pedro, antes mis palabras, ríe con sarcasmo e interrumpe.

-      Un sueño, un sueño, todo para ti es un sueño… ¿Cuántas veces has hecho que tus personajes repitan tan manida frase?

-   ¡Calla! Es un sueño, un puto sueño. Uno del que, tal vez, algo recuerde cuando despierte. Puede, incluso... sí, que lo convierta en un relato. Eso, un relato, sobre las pernoctancias provenientes de mí subconsciente. Eso es. E...es más, creo que debo daros las gracias; sin vosotros…

-    ¡BASTA! No solo te inventas palabras; además, hablas por hablar: sin decir nada relevante –Pedro alza la voz de tal forma que altera, más si cabe, mi estado de ánimo.

-    ¿Me gritas a mí? ¿Yo, que según tú, soy tu hacedor? Si realmente eres una creación mía, puedo hacerte desaparecer cuando me plazca.

-    ¿Cómo hiciste con la pobre Marta?... bueno, no ha desaparecido como tal, sigue de cuerpo presente –Pedro señala el inmóvil cuerpo–. Pero muerta.

         Las palabras de Pedro se clavan en lo más profundo de mí ser. Angustiado, dirijo la mirada hacía Marta. La observo detenidamente, y centro mi atención en su desfigurado rostro, cuando: ¿repentinamente?, abre los ojos al tiempo que suena un estridente sonido de violines. Doy un fuerte respingo ante el "inesperado", recurso. Me cuestiono:
-         ¿Desde cuándo esto es una historia de terror barato?
    Pedro responde:
-         Podría decirse que desde aquellas primeras líneas que escribiste allá por el 2010…

          Sus palabras perturban, aún más, mi ya confusa mente... Dirijo mis ojos hacía el lóbulo occipital... debe estar dañado. Eso, o no llegan estímulos desde del exterior. Mi yo corpóreo no responde… Necesito una explicación. Me predispongo a escuchar:
-        Me rindo… Habla, por favor. –imploro ante mis propias creaciones.

-     Ahora que finalmente tengo tú atención –Pedro lanza la bomba–. Tu nos creaste, nos diste vida, pero ¿con que propósito? ¿Cuál es nuestra finalidad? ¿Entretener? ¿A quién? ¿A ti, al mundo? ¿Arrancar sentimientos; somos acaso una moraleja? ¿Un instrumento, un trampolín hacía la fama? Dinos Alberto ¿Por qué estamos aquí? ¿Qué sentido tiene nuestra existencia? Y lo más importante ¿Tenías nuestro beneplácito? ¿Pensaste alguna vez en cómo podríamos sentirnos, como podría afectarnos?... Toda creación, acaba sabiéndose como un ente ficticio, y por tanto, incompleto, tanto en cuanto, su hacedor no sea capaz de evolucionar como persona. Si tu no creces, nosotros no crecemos ¿Tan vacía está tu vida que juegas a ser Dios (signifique, eso, lo que signifique)? Dinos ¿qué pretendes?

          Mientras Pedro me sermonea y apabulla con mis propias palabras, o más bien, mientras me sermoneo en boca de Pedro y me cuestiono sin hallar respuesta alguna, reaparece, a unos tres metros, el espejo de antes; pero en esta ocasión, con una superficie totalmente lisa. A simple vista, es un espejo completamente normal. Me aproximo a él, pero… se aleja, como si un campo de fuerza invisible mantuviera entre nosotros una distancia de seguridad. Cuanto más intentó acercarme, más se separa de mí... Como si yo, realmente, no quisiera verme reflejado en él. A pesar de ello, sigo corriendo... Ahora, sólo estamos el espejo y yo.

         Han transcurrido veinte segundos desde que comenzó tan absurda persecución, sin embargo, parece que he recorrido más distancia, en estos veinte segundos, que en mis veintisiete años de vida… el espejo siempre tiende a infinito… O eso parece indicarme un túnel concebido de total oscuridad cuyas fronteras imaginarias, están delimitadas por fugaces destellos de lo que parecen, una vida mejor...

   -   ¡Estoy harto! ¡Quiero respuestas! –digo exhausto y deteniéndome para recobrar el aliento: <<¿por qué me canso? en realidad, ¡no me he movido del sitio!>>

        -   ¿Respuestas?  –Pedro reaparece ante mí–.  Mírame entonces  –alega Pedro, que ya no es Pedro en sí mismo, sino la fusión de todos mis personajes; un puzzle viviente, un monstruo de Frankenstein hecho de miembros de todas mis creaciones. Ahora, son uno.

    Estudio con horror a la criatura. ¡Qué imagen tan dantesca!  Creo que voy a vomitar…

        -   ¿Quieres respuestas?  –la voz de mi propio monstruo de Frankenstein es, a pesar de sus diferentes timbres; ¿repulsiva?... No. Para mi sorpresa, es coralmente agradable.

        Sin saber cómo, la voz coral; me doy cuenta que en off, pues mi monstruo de Frankenstein repentinamente carece de boca; me ofrece la ansiada respuesta. Tras pronunciar varias palabras me percato de que esa voz en off es la mía y habla en primera persona: tiene sentido.

     Tras escucharme a mí mismo; y perdonad que no reproduzca mis palabras, pero prefiero reservarme el derecho a la intimidad (aunque sea un poquito); el espejo se detiene. Estoy preparado para enfrentarme a él. Avanzamos el uno hacía el otro.

         -   Ha llegado el momento de mirarse al espejo…

      Finalmente, el espejo y yo; frente a frente. ¿Cómo explicarlo? ¿Cómo describir las sensaciones que recorren mi cuerpo? Mi reflejo, como habrás adivinado de antemano (o no), es el mismísimo Pedro, a partir de ahora conocido como Peter Monster (si bueno, ¿por qué no?). Mientras pienso en lo espantoso que todo esto resulta, atisbo que, desde hace largo rato, una suave melodía armoniza la escalofriante situación, y que, conforme avanza dando paso a un precioso in crescendo, el reflejo de Peter Monster se resquebraja; como un huevo, está perdiendo pedazos de sí mismo… ¡No! De los diferentes personajes de los que se compone: una crisálida.

     Peter Monster, este desaparece… Ahora, sólo hay un niño.

       ¡Un momento!, esos ojos azules, ese pelo rubio y ondulado, esas orejas puntiagudas y separadas que harían abochornarse al mismísimo Dumbo. Esa mirada llena de inocencia: soy yo, hace veinticuatro años. Miro a mi yo de antes. Él, hace lo propio conmigo, y sonríe. Abro los ojos con estupefacción y me doy cuenta de que, hasta hace unos instantes, yo no había sonreído desde...  Entonces, percibo que su inocencia, su alegría, su esperanza, siguen en mí, nunca se han ido, sólo las encerré en un calabozo y tiré la llave… ¿Qué he hecho con mi vida?


       Mi yo pequeño alarga el brazo, traspasando las fronteras del frágil cristal, y acaricia mi mejilla con ternura. Su tacto me colma de paz, y al mismo tiempo, de fuerza y vitalidad. Es… es… como volver a nacer…



                                                                ¿FIN?


Escrito por Alberto Rodríguez Carmona.

Nos leemos.

RONDI (osease, el propio Alberto R.C)

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